




























Buscando a Gerardo en la selva, encuentro la majestuosa belleza de algo que a una velocidad aparentemente imperceptible está desapareciendo, cuando llegué eso era lo que creía. Pero en realidad era exactamente al revés, el que iba desapareciendo era yo y cuando me di cuenta de esto los Espíritus de la Selva fueron los que me encontraron. Uno a uno llegaron a sanar mi corazón y mi alma. Me mostraron un mundo qué ciertamente me era ajeno, el mundo de mi interior, el de mis miedos, debilidades, sufrimientos, dolor, angustias, obsesiones, errores y torpezas.